La psicologÃa positiva, desarrollada por Martin Seligman en los años 2000, no busca negar las dificultades, sino reequilibrar nuestra atención. Propone interesarse por lo que funciona, por lo que nos hace felices, por lo que da sentido a nuestra vida. Su modelo PERMA resulta especialmente pertinente para los expatriados:
Compromiso (Engagement): estar absorto en una actividad.
Relaciones (Relationships): mantener vÃnculos de calidad.
Sentido (Meaning): dar sentido a las propias acciones.
Logro (Accomplishment): alcanzar objetivos.
Este modelo puede orientar tus decisiones para evaluar el equilibrio personal y profesional. No se trata de aspirar a la perfección, sino de identificar las áreas de satisfacción y nutrirlas.
Haber logrado expresar una emoción en un idioma extranjero.
Haberse tomado un dÃa para uno mismo sin culpabilidad.
Haber encontrado un lugar donde uno se siente bien.
Estos momentos, aunque modestos, refuerzan la autoestima, la confianza y la sensación de progreso.
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Práctica preventiva: el ritual de las gratitudes
Una de las herramientas más simples y poderosas de la psicologÃa positiva es el diario de gratitudes. Cada noche, dedica 10 minutos a anotar:
Tres cosas por las que está agradecido/a hoy.
Una acción de la que se siente orgulloso/a.
Un momento agradable vivido durante el dÃa.
Este ritual favorece la regulación emocional, refuerza la percepción positiva de uno mismo y ayuda a crear una memoria afectiva más equilibrada. No se trata de negar las dificultades, sino de darles un lugar proporcionado.
La mirada sobre uno mismo: una palanca de prevención
En contexto profesional, el expatriado puede verse tentado a juzgarse severamente. Los errores se perciben como fracasos, las vacilaciones como debilidades. Sin embargo, la mirada que uno tiene sobre sà mismo es una poderosa palanca de salud mental. Aprender a hablarse con amabilidad, a reconocer los propios esfuerzos, a valorar los progresos, es construir una base interior sólida.
He aquà algunas frases para integrar en el diálogo interior:
«Hago lo mejor que puedo en un contexto exigente.»
«Cada dÃa aprendo algo.»
«Me merezco descansar.»
«Soy capaz de adaptarme.»
Estas afirmaciones no son mantras mágicos, sino referentes para reequilibrar el discurso interior.
Hacerse las preguntas adecuadas
Para cultivar las pequeñas victorias, es útil preguntarse regularmente:
Crear rituales de reconocimiento (reuniones positivas, retroalimentación constructiva).
Fomentar el intercambio de experiencias, incluso las más modestas.
Una cultura empresarial que celebra los progresos, las iniciativas, los aprendizajes, favorece un clima de confianza y motivación. Permite que cada uno se sienta visto, reconocido y apoyado.
Práctica preventiva: el panel de logros
En un espacio personal o compartido, cree un panel de logros.
Cada semana, anote:
Una cosa que ha aprendido.
Una cosa que se ha atrevido a hacer.
Una cosa que ha mejorado.
Este panel puede ser visual, creativo y colaborativo. Se convierte en un espejo positivo, un recordatorio de que se avanza, aunque sea lentamente.