En muchas partes del mundo, las personas viven cada vez más tiempo, con jubilaciones que a menudo se extienden entre 20 y 30 años, lo que está poniendo a prueba los sistemas de pensiones. Al mismo tiempo, el encarecimiento del coste de vida y la mayor facilidad para trasladarse de un paÃs a otro están transformando la forma en que la gente concibe dónde y cómo se jubila. Lo que antes era una etapa de vida fija y vinculada a un único lugar se está volviendo cada vez más flexible.
Un informe de la aseguradora canadiense Manulife () refleja una preocupación creciente entre los trabajadores. Según esta encuesta de 2025, realizada a más de 2 000 trabajadores y jubilados, el 42% de los empleados en activo afirmó temer no poder cubrir sus gastos básicos durante la jubilación, el 43% expresó su preocupación por los costes sanitarios en esa etapa, y el 48% reconoció llevar retraso en sus ahorros para la jubilación.
Detrás de estas inquietudes hay presiones económicas de fondo. En algunos paÃses, los salarios no han seguido el ritmo de la inflación, el precio de la vivienda sigue subiendo y los planes de pensiones tradicionales, que antes financiaban las empresas, están trasladando cada vez más la responsabilidad a los propios trabajadores.
Ante este panorama, un número creciente de personas está descubriendo que jubilarse en el extranjero puede ofrecerles el futuro tranquilo y estable que ya no creen posible en su paÃs de origen.Â
Según el Global Rescue Traveler Sentiment and Safety Survey de 2026, uno de cada tres viajeros está considerando jubilarse en el extranjero. Esta tendencia se enmarca en un contexto más amplio recogido en el Global Retirement Report de 2026, que revela que el 61% de los programas de residencia analizados mantienen requisitos de ingresos reducidos.Â
Por ejemplo, según la plataforma colaborativa de coste de vida Numbeo, los gastos mensuales estimados (sin incluir el alquiler) de una persona que vive en Londres ascienden a 1 102,4 libras esterlinas (aproximadamente 1 375 dólares estadounidenses) a fecha de mayo de 2026. En Bangkok, capital de Tailandia, ese mismo gasto mensual se sitúa en 693 dólares.
La presión económica no se limita a la compra o a los gastos del dÃa a dÃa. Según el informe de Manulife, el 43% de las personas está preocupada por los costes sanitarios. En muchos casos, trasladarse al extranjero permite acceder a una sanidad privada de calidad, a menudo más asequible que en algunas de las principales economÃas occidentales.
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Esto facilita que cada vez más personas se planteen estos destinos, especialmente aquellos que ofrecen requisitos económicos relativamente accesibles para obtener la residencia.
Mauricio es un buen ejemplo: la isla atrae a un número creciente de jubilados suizos y franceses, entre otros. Su gobierno la ha convertido en un polo de atracción para los jubilados europeos al ofrecer un permiso de residencia de diez años para no ciudadanos jubilados a quienes tengan 50 años o más y se comprometan a transferir 2 000 dólares al mes a una cuenta bancaria local. Para muchos en Occidente, la combinación de pensión pública y privada puede cubrir ese umbral sin dificultad.
Otros paÃses ofrecen vÃas de acceso aún más asequibles. La visa Pensionado de Panamá exige una pensión mensual vitalicia de 1 000 dólares, mientras que en Portugal la visa D7 se ha convertido en una opción muy popular. El ingreso mÃnimo requerido, que se aplica a ingresos pasivos como pensiones, alquileres e inversiones, está vinculado al salario mÃnimo mensual local, que en 2026 se sitúa en torno a los 920 euros (aproximadamente 1 000 dólares).
Asegurar el futuro
Jubilarse en el extranjero ha dejado de ser una simple opción de estilo de vida para convertirse, en muchos casos, en una necesidad financiera. Trasladarse al exterior permite recuperar el control sobre un futuro económico que hoy se percibe incierto. Lo que podrÃa ser una crisis personal se transforma asà en una oportunidad para vivir nuevas experiencias, disfrutar de una mejor calidad de vida y alcanzar la tranquilidad que solo da la estabilidad financiera.Â
Paul, exguionista y productor de la BBC especializado en programas de ciencia y noticias, lleva más de 15 años viviendo en España como expatriado y trabaja como escritor freelance. En su tiempo libre, a Paul le gusta leer, nadar y dar largos paseos por la costa.