Cambiar de barrio para acercarse a una buena escuela es una decisión bastante habitual. Pero algunas familias dan un paso más: llegan incluso a cambiar de paÃs. Este fenómeno, aún minoritario pero cada vez más visible, se conoce a veces como «expatriación educativa». Designa aquellas situaciones en las que los padres deciden instalarse en el extranjero principalmente para ofrecer a sus hijos un marco escolar distinto, ya sea un sistema educativo considerado más flexible, una pedagogÃa alternativa o un entorno percibido como más favorable para el bienestar del niño. Repasamos esta tendencia.
Cuando la escuela se convierte en un motivo para emigrar
La puede adoptar formas muy diversas, aunque suele partir de una idea sencilla: el sistema escolar de otro paÃs se ajusta mejor a las expectativas de los padres y a las necesidades del niño.
En estos casos, la decisión de instalarse en el extranjero no responde, en primer lugar, a un proyecto profesional ni a un cambio de entorno, sino a la voluntad de ofrecer a los hijos un contexto educativo considerado más adecuado.
Esta "movilidad educativa" no es, además, totalmente nueva. Desde hace tiempo, algunas familias envÃan a sus hijos a estudiar al extranjero en internados o universidades de prestigio. Lo que distingue a la expatriación educativa es que la decisión afecta ahora a toda la familia, o a una parte de ella, y puede producirse desde los primeros años de escolarización.
Un caso que se cita con frecuencia para ilustrar la expatriación educativa es el de algunas familias alemanas que deciden trasladarse a Dinamarca para la escolarización de sus hijos.
En , la ley impone, como en muchos paÃses, la escolarización obligatoria desde los seis años. Pero esta debe realizarse en un centro fÃsico acreditado. La educación en casa solo se autoriza de forma excepcional y temporal, ya que las autoridades consideran que no favorece la socialización.
En Dinamarca, la Constitución no obliga a asistir a una escuela presencial. Los padres pueden encargarse ellos mismos de la educación de sus hijos, siempre que garanticen un nivel de enseñanza equivalente al de la escuela pública y acepten el control de las autoridades locales. En este marco, la familia Betz educa ahora a sus dos hijos en casa.
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El conocido caso de algunas familias asiáticas
En otras regiones del mundo, la expatriación educativa responde a motivaciones distintas. En China, por ejemplo, algunas familias optan por enviar a sus hijos a estudiar al extranjero para alejarlos de la presión asociada al sistema educativo de su paÃs.
El sistema educativo chino tiene fama por su carácter competitivo, sobre todo por el «gaokao», el examen nacional de acceso a la universidad. Esta prueba resulta determinante para entrar en las mejores universidades y ejerce una presión enorme sobre los estudiantes de bachillerato que aspiran a las instituciones más prestigiosas.
Ante esta competencia, que muchos consideran perjudicial, algunas familias prefieren apostar por una escolarización internacional. Eso sÃ, siempre que puedan permitÃrselo.
En un reportaje del , Joanna Gao cuenta cómo dejó Shanghái para instalarse en California con sus dos hijos. Su objetivo era aumentar las posibilidades de entrar en una universidad estadounidense de prestigio.
En el caso de estas familias asiáticas, suele ser uno de los progenitores quien acompaña a los hijos al extranjero (generalmente la madre), mientras el otro permanece en el paÃs de origen para trabajar. Este fenómeno se conoce como "" (madres acompañantes), ya sea con destino a Estados Unidos, Singapur o Nueva Zelanda.
²Ñá²õ allá de los ejemplos anteriores, la expatriación educativa se enmarca en una dinámica más amplia: la de unos padres cada vez más atentos a las condiciones y formas de aprendizaje de sus hijos.
En este contexto, el desarrollo de la educación en casa y de las formas de aprendizaje alternativas desempeña un papel clave. Según , estas prácticas han experimentado un crecimiento notable en muchos paÃses en los últimos años, lo que ha alimentado el debate sobre el papel de la escuela tradicional y la libertad educativa de las familias. Esta evolución abre la puerta a formas aún más móviles y experimentales de educación.
Precisamente en esta lÃnea se sitúa el , que puede considerarse una forma bastante radical de expatriación educativa. AquÃ, el desplazamiento ya no es solo una vÃa para acceder a otro sistema escolar: se convierte en el corazón mismo del proyecto educativo. Las familias viajan durante largos periodos y transforman el mundo en un aula, por asà decirlo. Las experiencias vividas (descubrimientos culturales, intercambios lingüÃsticos, inmersión en distintos modos de vida) se convierten en los principales vehÃculos de aprendizaje. La educación se vuelve concreta, contextualizada y arraigada en la realidad: un yacimiento histórico sustituye, por ejemplo, a un manual, y un encuentro intercultural se convierte en una clase de idiomas… Cada entorno alimenta, de algún modo, la curiosidad y la capacidad de adaptación de los niños.
¿Y desde el punto de vista jurÃdico?
Detrás de estas situaciones de expatriación educativa se esconde una diferencia jurÃdica importante entre paÃses: algunos imponen la obligación de instrucción, mientras que otros imponen la obligación de escolarización.
En el primer caso, el Estado exige que el niño reciba una educación y adquiera un determinado nivel de conocimientos, pero los padres pueden elegir cómo se imparte esa formación: en la escuela, en casa o en estructuras alternativas. Es el caso, por ejemplo, del Reino Unido, Irlanda o Dinamarca.
En el segundo, la ley obliga a que el niño asista a una escuela reconocida. El objetivo es garantizar un marco educativo común y favorecer la socialización de los alumnos. Es lo que ocurre en Alemania, como ya hemos comentado.
En , por ejemplo, la situación se sitúa entre ambos modelos. La educación en casa sigue siendo posible, pero está muy regulada. Las familias deben obtener una autorización previa para instruir a sus hijos fuera del entorno escolar. Esta autorización solo se concede en casos concretos, como una discapacidad, un problema de salud o un proyecto pedagógico especÃfico.