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¿Aún es posible vivir cómodamente la jubilación en el extranjero?

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hombre planificando su presupuesto de jubilación© bnenin / Envato Elements

¿Son realmente los jubilados esos "ricos privilegiados" que a veces nos gusta imaginar? Al igual que los trabajadores en activo, en realidad existen grandes disparidades entre sus niveles de vida. Esto es aún más cierto entre los expatriados, que deben lidiar con los gastos ocultos, la inflación y las posibles reformas del país de acogida.

¿A partir de cuánto dinero se considera rico a un jubilado expatriado?

El pasado mes de mayo, Donald Trump firmó un decreto que ampliaba el acceso a las cuentas de jubilación y animaba a los jóvenes trabajadores a ahorrar: la jubilación dorada es posible, siempre que se logren acumular 465 000 dólares antes de los 65 años. Los economistas, sin embargo, son más cautos, ya que las previsiones del presidente estadounidense ignoran el efecto de la inflación. Según los expertos, esos 465 000 dólares de hoy equivaldrán a menos de 200 000 dólares dentro de 30 años, precisamente por culpa de la inflación.

Un mes antes, su antiguo asesor de cabecera, Elon Musk, prometía una jubilación próspera en "10 o 20 años" gracias a la inteligencia artificial. El empresario presentó su "economía de la abundancia", un escenario en el que ahorrar para la jubilación ya no tendría sentido, puesto que los humanoides potenciados por IA se convertirían en la principal fuerza laboral y serían los encargados de sostener la economía. Pero también este sueño choca con la realidad y con las crisis recurrentes, que algunos interpretan como el preludio de otra revolución, devastadora para los seres humanos: la de los robots.

¿Cuánto hay que "ingresar" para considerarse un jubilado rico en el extranjero?

El cálculo es complejo, ya que depende de varios factores. Todo depende del estilo de vida de cada uno y del país de destino elegido. En Francia, se considera rico a quien ingresa a partir de unos 4 000 euros mensuales. Los jubilados cobran de media 1 540 euros al mes, una cifra que ya resulta excesiva para quienes defienden una reducción de las pensiones. Según estos últimos, los jubilados son demasiado ricos, puesto que perciben el equivalente a un salario, o incluso más. Este argumento trasciende las fronteras francesas y sale a relucir, en particular, cuando se habla de jubilados que se expatrian precisamente para disfrutar de unas condiciones de vida más ventajosas, aunque sus ingresos les permitirían perfectamente quedarse en su país.

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El caso de Luxemburgo

En Luxemburgo, el país más rico de Europa, las cifras se disparan. Allí se considera rico a quien gana a partir de unos 20 000 euros mensuales. En cuanto a la pensión mínima de jubilación, supera ligeramente los 2 400 euros. La cantidad puede parecer considerable, pero hay que ponerla en contexto teniendo en cuenta el elevadísimo coste de vida en Luxemburgo. Según la Cámara de Empleados luxemburguesa, la pensión mínima no garantiza estar a salvo de la precariedad. Las mujeres son las más vulnerables en este sentido, debido a carreras profesionales a menudo discontinuas y a empleos con una remuneración menor.

El caso de China

En China, la vida de los nuevos millonarios despierta la envidia de muchos, y no solo entre los más jóvenes. Las diferencias entre provincias siguen siendo notables: en Pekín y Shanghái, es habitual ganar 15 000 yuanes al mes (unos 1 915 euros), mientras que en las provincias más remotas del oeste cuesta llegar a los 5 000 yuanes mensuales (638 euros). Estas grandes diferencias salariales repercuten directamente en el nivel de las pensiones, lo que hace muy difícil que los sectores más desfavorecidos puedan plantearse una jubilación tranquila, ya sea en el país o en el extranjero.

Y es que jubilarse en el extranjero implica también tener muy presentes el impacto de la inflación y los gastos imprevistos, empezando por los gastos médicos, que tienden a aumentar de forma natural con el paso de los años.

Jubilados expatriados: la brecha entre ricos y pobres se amplía

La desigualdad entre los jubilados más pudientes y los más modestos no deja de crecer. Según la aseguradora Northwestern Mutual, un estadounidense necesitaría contar con al menos 1,46 millones de dólares para disfrutar de una jubilación desahogada. El problema es que el ciudadano medio llega a la jubilación con unos 200 000 dólares. En Francia, se estima que es posible vivir una jubilación en el extranjero, ya sea en Grecia, Portugal o España, a partir de 1 800 euros mensuales. En Marruecos, el presupuesto se reduce a unos 800 euros al mes, mientras que en Tailandia sube ligeramente, situándose entre 1 200 y 1 500 euros mensuales.

Según el Banco Central Europeo, el patrimonio neto mediano de los jubilados de la zona euro se sitúa en 185 300 euros, con grandes diferencias entre países: en Letonia, la renta mediana de los jubilados alcanza los 36 300 euros, mientras que en Luxemburgo se dispara hasta 1 219 500 euros, lo que se conoce como la "excepción luxemburguesa". Los jubilados belgas e irlandeses, considerados también entre los más acomodados, cuentan con una renta mediana de unos 300 000 euros, por encima de España, Francia y Alemania (entre 200 000 y 232 000 euros). Italia se queda bastante rezagada, con 168 000 euros.

¿Es la pensión baja un obstáculo para expatriarse?

Los jubilados más ricos se benefician, en particular, del aumento de los ingresos procedentes de su patrimonio. Si pueden permitirse expatriarse con relativa facilidad, es porque tienen la certeza de seguir percibiendo rentas de otras fuentes (alquileres, productos de ahorro...). Esto los hace, en la práctica, menos vulnerables ante la inflación y el encarecimiento de la atención médica.

Por el contrario, los jubilados que dependen exclusivamente de su pensión corren un mayor riesgo de caer por debajo del umbral de la pobreza. Ahora bien, unos ingresos modestos no tienen por qué ser un freno para la expatriación: cada vez más personas optan por instalarse en países con un coste de vida inferior al de su país de origen para ganar poder adquisitivo. La idea puede ser muy acertada, siempre que se tengan en cuenta los posibles cambios de situación, como el impacto de la inflación.

¿Cómo planificar el presupuesto para jubilarse en el extranjero?

¿Y si la solución fuera simplemente ahorrar a lo largo de toda la vida? Nada especialmente novedoso, desde luego. En Japón, los sucesivos gobiernos llevan años instando a la población activa a ahorrar de cara a la jubilación. Sin embargo, este sensato consejo siempre acaba chocando contra la misma pared: la inflación y la precariedad laboral. Algunos ven en esto, además, una confesión de fracaso por parte de los Estados.

Al igual que en cualquier proceso de expatriación, lo primero es hacer un inventario detallado de los ingresos y gastos actuales y futuros. La principal diferencia en este caso radica en la posible reducción de ingresos: el jubilado expatriado tendrá que aprender a gestionar con menos dinero, salvo que cuente con otras fuentes de ingresos adicionales (alquileres, actividad laboral permitida en el extranjero...).

También puede mejorar su situación económica eligiendo un país con un coste de vida inferior al de su país de origen. No obstante, conviene actuar con prudencia, sobre todo en el contexto actual. La inflación puede mermar considerablemente el presupuesto de los expatriados.

Hay que tener mucho ojo con los gastos imprevistos, especialmente los relacionados con la salud. Una vez más, quienes cuentan con menores ingresos son los más expuestos. Los jubilados expatriados también deben estar al tanto de las posibles reformas en el país de acogida, como ocurrió, por ejemplo, con la reforma fiscal de Tailandia en 2024.

Fuentes:

Formalidades
jubilarse
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Asaël Häzaq
Sobre el autor

Asaël Häzaq, editor web especializado en noticias políticas y socioeconómicas, observa y descifra las tendencias de la economía internacional. Con su experiencia como expatriada en Japón, ofrece consejos y análisis sobre la vida del expatriado: elección de visa, estudios, búsqueda de empleo, vida laboral, aprendizaje del idioma, descubrimiento del país. Titular de un ²Ñá²õter II en Derecho - Ciencia Política, también ha experimentado la vida como nómada digital.

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