Errores habituales que acaban afectando a la rentabilidad
Tienes la idea del siglo, o al menos la que te garantizará el éxito y unos rendimientos sólidos en el extranjero. Sin embargo, por muy brillante que sea tu proyecto, una buena preparación es imprescindible, para no saltarte etapas fundamentales: cultura, costes financieros, legislación local… A continuación, repasamos algunos de los errores más habituales que conviene evitar para montar tu empresa en las mejores condiciones posibles.
Subestimar las diferencias culturales
Contactar con proveedores y socios locales, conseguir un préstamo, negociar un contrato… Se dice que el mundo de los negocios tiene su propio argot, y es cierto. Pero eso no lo convierte en un lenguaje universal, capaz de ignorar las particularidades culturales de cada paÃs. Todo lo contrario: montar una empresa en el extranjero implica conocer bien la cultura del paÃs de acogida para integrarte con naturalidad.
En la práctica, la falta de formación intercultural es una de las principales causas del fracaso empresarial en el exterior. Y es que el desconocimiento de la cultura local acaba arrastrando al resto de los pilares del negocio: la negociación de contratos, las alianzas, la gestión financiera, la distribución del producto o servicio, etc. Aunque recurras a un intermediario para ayudarte a establecerte, no renuncies a la formación intercultural. No te quedes en la superficie: adopta una actitud abierta y dispuesta a comprender de verdad la cultura local.
Montar una empresa en el extranjero de manera impulsiva
«Lo dejaron todo para lanzar su negocio en el otro extremo del mundo». Internet está lleno de este tipo de historias de éxito: empezando desde cero, tal emprendedor o emprendedora logró construir su imperio en el extranjero. El negocio mueve ahora cantidades considerables y la rentabilidad es máxima. Este tipo de éxito es perfectamente posible, claro está, pero no debe hacernos perder de vista las realidades que exige cualquier implantación empresarial en el exterior: estudio de mercado, conocimiento de la cultura local, una tesorerÃa saneada para arrancar con buen pie, etc. Lanzarse de cabeza con la esperanza de maximizar los rendimientos en tiempo récord es una de las mejores recetas para el fracaso.
Obsesionarse con la rentabilidad inmediata
Quemar etapas para obtener cuanto antes un retorno de la inversión y empezar a ver beneficios es otro camino directo al fracaso a corto plazo. Maximizar la rentabilidad requiere poner en marcha una polÃtica bien definida, diseñada desde el momento mismo en que creas tu empresa en el extranjero. Ser rentable lleva tiempo, y ese tiempo se mide en años. Los emprendedores que van demasiado deprisa se queman las alas a los pocos meses, o directamente lo dejan porque consideran que los rendimientos son demasiado bajos. El proyecto se hunde, no porque fuera malo, sino porque no se supo gestionar.
El simple hecho de establecerse en el extranjero ya conlleva un riesgo. Antes de ganar dinero, es muy probable que pierdas, quizás bastante. ¿Es tu tesorerÃa lo suficientemente sólida como para absorber esas pérdidas hasta que empieces a generar rendimientos? ¿Contarás con el respaldo de los bancos locales? Para garantizar el éxito a largo plazo, márcate objetivos realistas, fácilmente medibles y progresivos. En la creación de una empresa, el objetivo final es tan importante como los medios empleados para alcanzarlo. De ahà la importancia de detenerse en cada etapa del plan financiero para asegurarse de su solidez.
A menudo se invierte mucho en comunicación, cuando en realidad se trata de la última etapa del proceso. El plan financiero, que engloba la contabilidad, las inversiones y las estrategias para alcanzar la rentabilidad, es la columna vertebral de tu empresa. Para que sea eficaz, no debe ser rÃgido ni inamovible, sino lo suficientemente flexible como para adaptarse a las particularidades del mercado extranjero.
Subestimar los costes de crear una empresa en el extranjero
Montar una empresa en el extranjero puede acarrear gastos adicionales, especialmente si trasladas una estructura ya existente a otro paÃs. Pero incluso si partes de cero, no podrás evitar ciertos costes inherentes a la apertura de un negocio en el exterior. Por ejemplo: ¿vas a recurrir a un intermediario? ¿Quién se encargará de constituir tu figura jurÃdica? ¿De redactar los contratos? ¿De ponerte en contacto con los proveedores locales? ¿Necesitarás un traductor? ¿Unas instalaciones fijas? ¿Un almacén? ¿VehÃculos? ¿Tu actividad está sujeta a los vaivenes climáticos? ¿Necesitarás seguros especÃficos, además de los básicos?
A todo esto hay que sumar los costes asociados a la fiscalidad del paÃs, la logÃstica, el marketing, la comunicación… sin olvidar, claro está, los sueldos de los empleados. Unos costes mal previstos pesarán sobre tu rentabilidad. No seas demasiado optimista: contempla el peor de los escenarios posibles y comprueba si tu tesorerÃa puede hacerle frente.
Ignorar o subestimar el peso de la normativa local
Una lectura deficiente de la legislación local puede, en el mejor de los casos, mermar tu rentabilidad, por ejemplo, si no puedes producir tanto como quisieras, y, en el peor, impedir directamente que abras tu negocio. En materia de negocios en el extranjero, no puedes hacer lo que te plazca. El incumplimiento de las normas del paÃs de acogida puede acarrear graves consecuencias legales. Para evitar cualquier contratiempo, recurre a especialistas locales en fiscalidad, comercio internacional y derecho. Pero eso no debe impedirte informarte por tu cuenta; al contrario: debes comprender las normas fiscales, jurÃdicas y mercantiles del paÃs en el que quieres instalarte. ¿Tu actividad requiere la obtención de certificados? ¿Figura entre las actividades reguladas? AnticÃpate a los posibles retrasos que conllevan las solicitudes de autorización (certificados y similares).
No invertir en la distribución ni en el servicio posventa
Tienes la idea del siglo y estás convencido de que funcionará en el extranjero. Pero ¿has pensado en el «cómo»? ¿Cómo pasará tu idea de ser un concepto a convertirse en el producto o servicio terminado que llegue a manos del consumidor? Dicho de otro modo: ¿cómo piensas distribuir tu producto o servicio para que llegue a quien tiene que llegar? Y una vez distribuido, ¿cómo gestionarás las reclamaciones y devoluciones de los clientes?
La cuestión de la distribución es fundamental. La del servicio posventa, igual de importante. Sin embargo, los emprendedores que se instalan en el extranjero suelen invertir menos en el posventa que en otras áreas del negocio. Del mismo modo, la distribución no siempre se trabaja con una estrategia sólida, como si el hecho de vender fuera algo que se da por sentado. Y sin embargo, incluso un «simple producto» destinado a los lineales de un supermercado necesita una estrategia de distribución. Se trata, en concreto, de definir tus canales y redes de distribución: ¿quiénes serán tus socios? ¿Contarás con el apoyo del comercio local? ¿Apuestas por las grandes superficies? Sin una estrategia de distribución, tu «producto del siglo» tiene pocas posibilidades de destacar entre la competencia… y, por tanto, de reportarte ingresos.
Descuidar el servicio posventa también repercute en tu rentabilidad. Sin él, ¿a quién recurrirán tus clientes o los consumidores cuando tengan un problema o una duda? Si tu empresa necesita un servicio posventa, ponlo en marcha. De lo contrario, te ganarás la animadversión de tus clientes: mala imagen, mala publicidad… y caÃda de los rendimientos.




