La mayorÃa de los trabajadores autónomos coinciden en algo: si se establecieron por cuenta propia, fue para ser sus propios jefes, dejar de estar bajo la autoridad de otro, fijar sus propias reglas y ser libres. El reto consiste en vivir realmente esa libertad frente a los clientes locales e internacionales. ¿Dónde y cómo establecer los propios lÃmites?
Muchos autónomos caen en la trampa, sobre todo cuando empiezan su actividad. Por culpa de la competencia, están dispuestos a hacer muchos sacrificios para ganar clientes, hasta el punto de comportarse más como asalariados que como emprendedores. Sin embargo, el trabajador autónomo es un empresario que se dirige a otro empresario. No existe relación de subordinación, sino una relación de igual a igual entre el autónomo y el cliente. A diferencia del asalariado, no estás vinculado a tu cliente por un contrato de trabajo. Eres libre de organizar tu trabajo y de fijar tus tarifas como prefieras. Si no tienes claro cuál es tu estatus, corres el riesgo de aceptar encargos, pagos y una organización del trabajo que no deberÃas haber aceptado.
Es una situación que conocen muchos trabajadores autónomos: te encuentras con un cliente que te pide una prueba gratuita. Invoca razones que te parecen válidas (o no, pero quieres conseguir el contrato). Al final, has trabajado un dÃa entero y no has conseguido el contrato. La prueba no resulta satisfactoria. Te dices que solo era una prueba y pruebas suerte en otra parte. Pero la misma empresa vuelve a contactarte y te pide correcciones sobre tu trabajo, que, en realidad, no estaba tan mal. Animado, le dedicas dos dÃas más. Otro fracaso. Pero la empresa te propone otra prueba o te pide más correcciones... que aceptas, convencido de que vas a conseguir el contrato. Estás trabajando gratis.
Rechaza los «encargos especulativos» sin un marco claro
Los encargos especulativos son una forma de trabajo gratuito. Puede ocurrir que el cliente te ponga a competir con otros profesionales. En ese caso, deben informarte de ello. El encargo se vuelve especulativo cuando trabajas sin la certeza de haber sido seleccionado. El cliente extranjero te pide que retoques tu trabajo de forma indefinida o te hace trabajar junto a otros autónomos. La dinámica puede llegar a ser tal que tienes la sensación de haber conseguido el contrato. Pero no has firmado nada. Al final, trabajas gratis. Una vez más, marca los lÃmites desde el principio: no debe tratarse de un encargo (que requiere un contrato), sino de una prueba. Y toda prueba debe tener un principio y un final.
Una estafa aún más sofisticada recurre a impostores que se hacen pasar por clientes extranjeros. Es muy fácil crear una dirección IP falsa: crees estar hablando con un cliente extranjero cuando, en realidad, estás comunicándote con un impostor. La inteligencia artificial añade una dificultad más: el estafador te redirige al sitio web falso de su empresa, se inventa un historial, datos y cifras...
Para evitar sorpresas desagradables, mantente alerta. Habla el mismo idioma que tu cliente extranjero. Evita recurrir a un programa de traducción. No estás a salvo de un error de traducción que pueda tener consecuencias graves. ¿Quieres recurrir a un traductor? Elige a un profesional jurado; pero, a menos que puedas costear esos servicios de traducción, es mejor que gestiones todos los intercambios tú mismo, sobre todo si el trabajo con el cliente extranjero es puntual. Mantente al dÃa sobre la normativa relativa al estatus del trabajador autónomo en el paÃs extranjero.